Diez razones para visitar Santo Tomé y Príncipe

santo tomé y principe: las islas del chocolate

Mi primo me dijo un día que hay que estar muy orgullosa de haber conocido un lugar antes que Jesús Calleja… Y… Eso me decidió a escribir este post. Aunque hace tiempo que visité Santo Tomé y Príncipe, este pequeño país es uno de esos lugares en que el tiempo parece pararse, y dónde parece que nada cambia con el paso de los años. Es un lugar de esos que se te queda grabado y al que siempre quieres volver…

Y es que cuando viajé a Santo Tomé, solamente 12.000 personas al año lo visitaban… Y estar entre ellas pues es un inmenso orgullo. Es cierto que actualmente la cifra ha subido (ronda los 35.000 visitantes anuales), pero me sigue pareciendo un honor formar parte de esa minoría. Para que os hagáis una idea de la escala de la que hablamos: comparado con los 96,8 millones de turistas internacionales que visitan España, Santo Tomé sigue siendo un rincón casi secreto en el mapa.

Si buscas un viaje que se salga de lo común, aquí te cuento porqué estas islas deberían estar en tu lista de deseos:

Un viaje al corazón del Golfo de Guinea

Santo Tomé y Príncipe son mucho más que dos islas en el mapa; son un rincón del mundo con una luz y un brillo que te atrapan. Su historia, marcada por la herencia portuguesa y su pasado como gigantes mundiales del café y el cacao, se respira hoy en cada una de sus roças.

Si ya seguiste mis aventuras en el antiguo blog, sabrás que me sobran los motivos para recomendar este archipiélago, pero he querido rescatar y actualizar mis diez razones imprescindibles para cruzar el charco hacia estas islas:

1. África para principiantes

Siempre he definido este destino así porque me parece un lugar donde viajar es, dentro de la aventura, «fácil». Aunque el contraste social y económico con nuestra realidad es enorme, la huella portuguesa suaviza el choque en el idioma o la vestimenta. No es un lugar peligroso ni conflictivo; al contrario, es un sitio tranquilo donde puedes caminar sola y disfrutar de la estancia sin más preocupaciones que las habituales de cualquier viaje.

2. La ventaja del idioma

Para los que viajamos desde España, el portugués es un aliado increíble. Es un idioma tan agradecido y fácil de comprender que, con un mínimo de ganas que le pongas, en dos días te manejas y te comunicas como si estuvieras en tu propia casa.

3. Una historia de contrastes: esclavitud y esplendor

La trayectoria de estas islas es apasionante y dura a la vez. Desde que los portugueses las descubrieron a finales de 1400, han vivido ciclos de éxito y decadencia. Pasaron de ser potencias azucareras a sumirse en la pobreza tras las rebeliones de esclavos, para resurgir después con el café y el cacao. Sin embargo, ese sistema de plantaciones (las roças) también tiene una cara oscura de maltrato y masacres que terminó por marcar el fin de una era agrícola.

4. Una mesa llena de sabor

La gastronomía aquí es un festín: el calulú, la cachupa, el pescado fresquísimo y el marisco son el día a día, siempre acompañados de frutas exóticas que no habéis probado igual. Y por supuesto, el chocolate. Visitar la fábrica de Claudio Corallo es casi obligatorio; dicen que es el mejor del mundo y yo doy fe. Todo esto, regado con su vino de palma, es una experiencia en sí misma.

5. «Leve-leve»: la calma como bandera

El carácter santotomense es, por encima de todo, tranquilo. Tienen incluso su propia expresión para recordarte que las cosas hay que tomárselas con calma: «Leve-leve». Más que una frase, es toda una filosofía de vida, un ritmo pausado y contagioso que te invita a vivir con calma y a saborear mucho más todo lo que la isla te va regalando.

6. Música en las venas

Si algo me sorprendió son sus ritmos. El kuduro, la kizomba o la tarraxinha fluyen en cada santotomense. Viéndolos bailar, te das cuenta de que tienen algún músculo que nosotros no conocemos; se mueven con una pasión y una agilidad increíble, sin importar la edad.

7. En el corazón del planeta

Uno de los grandes reclamos de este viaje es poder decir que has estado, literalmente, en el centro del mundo. Por la Isla de Príncipe cruza la línea imaginaria del Ecuador, situando el punto 0° 0° donde todos los puntos cardinales se encuentran. Es una sensación única sentir que estás en el eje del mapa.

8. La calidez de su gente

Los habitantes de este rincón del Atlántico son la definición de hospitalidad. Son personas gentiles que te ofrecen lo poco que tienen con una sonrisa siempre por delante. Te ofrecen todo lo que tienen si pedir nada a cambio y siempre tienen una bonita sonrisa en sus rostros. Les encantan las fotos, pero agradecen (y algunos exigen) que se les pida permiso antes. ¿Y los peques? Los niños santotomenses son, sencillamente, adorables.

9. Un entorno natural virgen

Si algo define el paisaje de las islas es ese contraste entre el verde intenso de la selva y el tono anaranjado de sus caminos de tierra. Casi el 60% del territorio es naturaleza pura, con más de 800 especies de plantas (muchas de ellas únicas en el mundo). Es el paraíso para los amantes del trekking; sus picos y senderos esconden secretos que solo se revelan a los que se atreven a caminar por una naturaleza que sigue casi intacta desde la colonización.

10. Playas de ensueño

¡Imposible olvidarme de ellas! Son rincones mágicos donde el ruido no existe. Sin coches, sin gente, solo tú frente al mar. Playas vírgenes de arena blanca y aguas cristalinas, rodeadas de cocoteros y almendros, que esconden arrecifes de coral perfectos para bucear. Nadar en un sitio así, sin nadie que perturbe el momento… ¿qué más se puede pedir?

Han pasado muchos años desde que visité estas islas, pero el recuerdo de su luz y de su gente sigue intacto. Santo Tomé y Príncipe no es un destino para todo el mundo; no busques aquí grandes infraestructuras ni lujos. Su verdadero valor reside precisamente en lo que le falta: el ruido y las masas.

Me siento afortunada de haber formado parte de esa pequeña estadística de viajeros que han recorrido sus roças y se han dejado empapar por el «Leve-Leve». Es un lugar que te enseña a mirar de otra forma, a respetar el ritmo de la naturaleza y a valorar la hospitalidad más pura.

Si alguna vez tienes la oportunidad de visitar este rincón del Golfo de Guinea, hazlo con respeto y con los ojos muy abiertos, esconde numerosos secretos. Te aseguro que volverás con la sensación de haber descubierto uno de los últimos paraísos que quedan en el mapa.

Y tú, ¿te atreverías a perderte en el centro del mundo?

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