
Mi filosofía de Viaje: CONSTRUIR UN MUNDO MEJOR
Para empezar este blog con buen pie considero muy importante transmitirte mi filosofía de viaje. Por eso, he decidido hacer mi propia «declaración de intenciones». Hace años decidí cambiar mi manera de viajar, fomentar el turismo sostenible y caminar por el mundo de manera consciente. No es tarea fácil, y por eso te voy hablar de lo que he llamado «Manifiesto de la Viajera Responsable», mi pequeña aportación para contribuir a crear un mundo mejor.
Esta idea surgió hace un par de años navegando por la red. Encontré una interesante iniciativa de la Fundación Intermundial y el Instituto de Turismo Responsable que me hizo parar a reflexionar. Se trata de un documento en el que reflejan una serie de normas básicas para viajar de manera responsable. Me gustó mucho su filosofía y decidí adoptar este término y sus principios en todos mis viajes.
Como turistas, tenemos una gran responsabilidad cuando viajamos. No somos realmente conscientes del impacto tan brutal al que sometemos a las comunidades que visitamos. En ocasiones, este impacto puede ser beneficioso, pero muchas veces de forma inconsciente, contribuimos a agotar sus recursos naturales y culturales. Es muy importante tener claro que nuestras acciones dejan huella y que las consecuencias de nuestro viaje pueden ser fatales.
Viajar es maravilloso, terapéutico, abre la mente, ayuda a crecer, a madurar…. Y por supuesto recomiendo viajar mucho y muy lejos. Pero…
¿Prácticamos un turismo sostenible? ¿Tenemos la certeza de que «viajamos bien»?
Esta declaración de intenciones será una forma genial de evaluarme en cada viaje, de cuidar mi impacto social y medioambiental, de mejorar como persona y de contribuir a crear un mundo mejor. No va a ser fácil, y tendré miles de fallos, pero ser consciente de mis acciones e intentar ser parte del cambio, para mi es un paso enorme.
LOS DIEZ MANDAMIENTOS DE LA VIAJERA RESPONSABLE
1. Viaja libre, pero planificada

Siempre digo que un viaje se vive tres veces, cuando lo preparas, cuando lo disfrutas y cuando lo recuerdas.
Los preparativos de un viaje por libre no son sencillos y son parte fundamental si queremos que nuestro viaje salga a pedir de boca.
Cuando viajo me gusta ser libre. Disfruto preparando el viaje, leyendo otros blogs de viajes, haciendo rutas, buscando sitios increíbles… Y me encanta aprender de la experiencia de otras personas para luego yo poder crear la mía propia. La blogosfera es un lugar maravilloso para aprender sobre un lugar porque la experiencia de la gente local y de la que ya ha vivido esos lugares es la más enriquecedora.
Me encanta documentarme para poder vivir la experiencia a mi manera y que nadie decida por mi como tiene que ser mi viaje. Por eso, lo primero que hago cuando decido viajar es informarme sobre el destino. Esto es fundamental (incluso antes de comprar los billetes). Saber cual es la mejor época para viajar, conocer la situación política del país y sus conflictos, informarse de las zonas donde se debe y no se debe ir… En definitiva, documentarme acerca de los riesgos y beneficios del lugar elegido.
Una de las cosas que suelo hacer es revisar las recomendaciones de las autoridades de cada país, pero ¡con medida! No conviene obsesionarse con ello ya que a veces la información suele ser un poco fatalista y puede acabar infundiéndonos miedo e impidiendo que disfrutemos al cien por cien del viaje.
Hay que ser conscientes de que estamos a muchos kilómetros de casa y conviene tener cabeza.
Además es muy importante preparar toda la documentación necesaria para nuestro viaje. Llevar fotocopias de nuestro DNI o pasaporte, de los seguros de viaje (sí, es importantísimo tener un buen seguro de viajes), vacunas, visados… Y de toda la información médica que pueda sernos útil.
2. Consumir local es fundamental

El último mensaje de Baden Powell dirigido a todos los scouts del mundo decía que la verdadera manera de obtener la felicidad es haciendo felices a los demás y que tratásemos de dejar este mundo en mejores condiciones de como lo encontramos.
Como scout y en mi defensa del turismo responsable, esta es una de mis principales máximas. Trato siempre de dejar una huella bonita allá donde voy y evitar que mi impacto sea agresivo. Además me esfuerzo por contribuir a la economía local, cuidar el medio y no alterar la vida de las personas. Me encanta que mi visita sea positiva y beneficie a los y las productores locales y consumir productos de la zona es una buena forma de hacerlo. Además de colaborar con la comunidad que te acoge, evitas que sus costumbres se pierdan. Por ejemplo, si hay mucha demanda de desayuno mediterráneo en los restaurantes locales, al final estos dejarán de ofrecer sus productos para satisfacer el deseo de sus clientes. Esto, probablemente generará un aumento de precios, «occidentalizará» los establecimientos y al fin y al cabo se perderá la esencia del lugar.
Además, trato de no comprar más de lo que necesito, aunque reconozco que a veces resulta complicado resistir la tentación de llevarme algo más de lo previsto. Aun así, prefiero que mis compras estén alineadas con lo que realmente puedo disfrutar o regalar, sin contribuir al consumo desmedido.
Por otro lado, el turismo de masas también tiene un impacto enorme.
A medida que más turistas llegan, los precios suben, los locales y los barrios pierden su autenticidad porque sus habitantes se ven obligados a mudarse… Además, la cultura local se va diluyendo, ya que los comercios y restaurantes dejan de ser auténticos para adaptarse a lo que los turistas quieren. Y no hay que olvidar que muchas ciudades no están preparadas para tanta gente, lo que genera problemas con los servicios y el transporte. Aunque parece que trae beneficios, el turismo masivo puede acabar con lo que hace único a cada lugar. Este tipo de turismo transforma radicalmente los lugares que, en algún momento, fueron auténticos y únicos, en destinos saturados y sobreexplotados. Y los recursos naturales, como playas o parques, se deterioran, dañando ecosistemas muy frágiles.
3. “Donde fueres haz lo que vieres”

Como bien dice este refrán popular, en mi filosofía de viaje entra como norma básica amoldarse a la cultura popular. Respeto las creencias, valores y tradiciones de la comunidad que me acoge y no solo las respeto sino que le doy el valor que merecen y aprendo todo lo que puedo de ellas.
Además de preparar la ruta de viaje y el mapa, aprender ciertas cosas sobre las normas sociales de nuestro destino no está de más, ¡seamos un ejemplo de tolerancia! Es importante saber si alguna de nuestras costumbres puede resultar ofensiva. Por ejemplo, en Tailandia, los pies son considerados una parte del cuerpo muy impura ya que siempre está en contacto con el suelo, por eso, enseñar la planta de los pies no está muy bien visto. Igualmente, consideran la cabeza una parte sagrada del cuerpo, (es el lugar dónde se asienta el alma), así que tocarle a alguien la cabeza o acariciarle el pelo puede resultar bastante hiriente. Y en Singapur está prohibido ¡comer chicle! (y te puedes llevar un buen “susto policial” si lo haces).
Siempre he querido pasar desaparecida en los lugares que viajo. Como podréis intuir quienes me conocéis, ¡esto es tarea imposible! Si unes mi pelo rubio con ojos azules, ropa de colores llamativos y una cámara siempre pegada al cuerpo, «ser una más» se convierte en difícil cruzada. De todas formas, si no puedo hacerlo físicamente al menos lo intento con mi comportamiento.
Antes de viajar me documento sobre su religión, su gastronomía e intento aprender lo básico de su idioma para intercambiar aprendizaje, y que mi experiencia sea lo más auténtica posible. Aunque tratar de comunicarme no siempre sea fácil… En China perdimos la chuleta y… ¡ya os podéis imaginar el espectáculo!
4. Si te gusta, consérvalo tal y como es

Proteger nuestro entorno es más importante de lo que creemos. Si llegas a un arenal maravilloso y coges un poquito de arena y cada persona que lo visita repite el mismo procedimiento… seguramente cuando vuelvas a visitarlo, ese arenal ya no exista. Si visitas tu playa preferida y decides celebrarlo lanzando un globo, ten en cuenta que puede caer al mar, que una tortuga lo ingiera creyendo que es una medusa y que esto le provoque la muerte (yo no me lo perdonaría jamás). Del mismo modo, ten en cuenta que esa estrella de mar que has sacado del agua mientras buceabas, estaba ahí (en su hábitat) de maravilla y que bastan solo diez segundos fuera del agua para que se asfixie. Contribuye a la conservación, protección y regeneración de los ecosistemas del destino.
Y una vez más,la información es fundamental para viajar. Busca a fondo para contratar servicios que garanticen un uso sostenible de los recursos terrestres. Que eviten la destrucción del entorno, de su fauna y de su flora y que no contribuyan al maltrato animal. Así mismo es muy importante no participar en actividades que utilicen animales en contra de su voluntad o comprar recuerdos de procedencia animal. Así no fomentaremos el tráfico de animales o incluso la extinción de muchas especies.
Este tema además merece dedicarle un post completo. Quiero pensar que la mayoría de esas personas que en su paquete turístico incluyen este tipo de productos en los que se explotan animales para el entretenimiento, no son conscientes de su gravedad, de como afecta al animal y al ecosistema. Desgraciadamente, todas estas actividades existen porque los turistas las consumen. Si se sigue contribuyendo a su desarrollo, ¡nunca acabarán!
En este post de Plan B Viajero tratan el tema muy ampliamente y me parece de obligada lectura. Y justo como dicen en su blog: está en nuestras manos fomentar un turismo respetuoso que mejore las condiciones de vida de los animales. A lo que a mi me gustaría añadir dos términos más: de las personas, y de la tierra.
Y por supuesto, ¡recoge tu basura! No cuesta nada llevar una bolsita de tela en la mochila y hacemos un gran favor al planeta… En nuestro día a día generamos infinidad de residuos. Ser consciente de ello y lograr reducirlos es un buen comienzo de cambio.
5. Respeta la diversidad cultural

No solo tenemos que tener en cuenta el medio ambiente cuando viajamos… Nuestro viaje puede ser también muy peligroso para las personas que visitamos.
Un hecho muy simple es el de dar dinero a un niño en la calle. Con este acto de «generosidad» lo que realmente hacemos es incitar a ese niño a hacerlo más veces y a apostar por el dinero fácil. Del mismo modo, no debemos fomentar espectáculos que denigren a las personas o las segreguen por cuestiones raciales, de género, origen, religión o por su orientación sexual.
Espectáculos que explotan a menores de edad o que fomentan el turismo sexual me parecen sencillamente repulsivos.
En todas las partes del mundo encontramos empresas dispuestas a todo por un puñado de monedas. Hay que estar con los ojos bien abiertos para no caer en ningún timo y no contribuir voluntariamente a todas esas actividades que se aprovechan del turismo con fines fraudulentos. Ganar dinero está por encima de toda convención social y desgraciadamente hay muchas personas que no tienen ningún tipo de escrúpulo en vender actividades engañosas. Si estas personas realizan estas prácticas con su entorno más próximo, imagina lo que podrán hacer contigo. Eres un dólar con patas.
6. Ama la tierra y ¡cuídala!

Para hacer un buen viaje sostenible es de extrema importancia hacer un uso eficiente de los recursos naturales, utilizar productos que generen un bajo impacto medioambiental y disfrutar de experiencias que utilicen de manera inteligente los recursos energéticos e hídricos.
Reutilizar y reciclar productos es una buena forma de comenzar nuestro cambio. Utilizar bolsas de tela, evitar los plásticos de un solo uso, reutilizar los que ya tenemos y generar el mínimo de residuos hará que nuestro paso por el mundo sea menos agresivo.
¿Porqué es positivo reducir la cantidad de residuos que generamos? Porque todos esos plásticos, latas, botellas, envases innecesarios o desperdicios probablemente acaben en el mar. Además hay muchos países que aún tienen una gestión de residuos bastante limitada por lo que en ellos nuestra basura puede causar bastante daño. Además, si reciclamos contribuimos a reducir la energía que se necesita para los procesos de producción y fabricación de las materias primas, y si esta energía se reduce, se genera menos carbono que es bueno para reducir el efecto invernadero.
Y hablando de efecto invernadero… Para quienes amamos los viajes low-Cost, el transporte es uno de los puntos clave para nuestra economía. Lamentablemente, los medios de transporte que utilizamos durante nuestro viaje hacen flaco favor al medio ambiente ya que emiten una gran cantidad de CO2.
No siempre ese autobús económico es el más eficiente energéticamente. Utilizar un transporte poco contaminante y que minimice mi huella de carbono quizás sea una entre mis muchas, asignaturas pendientes de este manifiesto de viajera responsable. Pondré todo de mi parte para reducir mi huella de carbono y esta calculadora me vendrá de perlas.
Por otro lado, evita derrochar agua ya que ésta es un recurso limitado sobre todo para la mayoría de los lugares que visitamos.
7. Favorece la sostenibilidad del patrimonio y de las infraestructuras del destino

Presta especial atención en reconocer cómo está gestionado el destino y sus infraestructuras (edificios, transportes, viviendas, espacios públicos…) para que tu visita no suponga una alteración en la vida local. Además, contribuye a la conservación de los atractivos turísticos respetando las normas y los accesos diseñados para su preservación.
El turismo masivo no ayuda nada a la sostenibilidad, y lo pude experimentar con creces en mi viaje a Tailandia. Me sentí realmente frustrada al ver cómo todo estaba tan abarrotado. Hubo momentos en los que me sentía mal por formar parte de ese caos. No podía dejar de pensar en cómo debía haber sido ese lugar hace años, antes de que hordas de turistas lo invadieran solo para hacerse el «selfie» perfecto, sin detenerse un segundo a apreciar el lugar o reflexionar sobre su impacto. Las playas, que son uno de los mayores tesoros de Tailandia, han sido las principales víctimas de esta masificación. Era casi imposible encontrar un rincón tranquilo, sin alguien haciéndose fotos sin parar. La imagen de playa paradisíaca que tenía en mente quedó hecha añicos. En su lugar, encontré playas llenas de gente, barcas soltando combustible, basura por todas partes y reggaetón sonando bien alto… Lo más triste fue ver cómo lugares tan icónicos como «Maya Bay», famosa por la película La Playa, en esas fechas había tenido que ser cerrada indefinidamente. El daño que el turismo había causado a su fondo marino fue tan grave que ya no se podía ni pisar, solo admirar desde lejos. Es desolador pensar en cómo el ser humano ha dejado una huella tan mala en un lugar tan hermoso.
8. Elige productos, servicios o experiencias que potencien la sostenibilidad del destino a través del I+D+i

Cuando viajas, puedes contribuir a que el lugar que visitas sea más sostenible eligiendo productos, servicios o experiencias que usen innovación y tecnología para ahorrar recursos.
- Alojamientos: busca hoteles o apartamentos con eficiencia energética, paneles solares o gestión inteligente del agua.
- Actividades: tours eléctricos, senderismo con apps que protegen los caminos o experiencias culturales con realidad aumentada que reducen el impacto físico.
- Compras y pagos: compra en comercios locales y paga en moneda local para apoyar directamente la economía del destino.
Así, cada elección que haces reduce el impacto ambiental y fortalece la sostenibilidad del lugar, mientras tú disfrutas del viaje de forma consciente.
9. Fomenta condiciones laborales dignas que respeten los derechos de los trabajadores

Antes de consumir un producto, contratar un servicio o hacer una actividad, asegúrate de que quienes lo ofrecen trabajan en condiciones justas. Es importante que integren a la población local o a personas en riesgo de exclusión y que eviten la explotación o lugares insalubres. Y siempre, trata con respeto a todos, desde el personal del alojamiento hasta la gente de la comunidad.
Así viajas apoyando a quienes realmente hacen posible tu experiencia.
10. Únete a la comunidad de viajeros responsables y difunde

Apoya las iniciativas y programas que fomenten el intercambio de experiencias y prácticas que favorezcan la paz; participando activamente en las redes, asociaciones, actividades y alianzas que promuevan el desarrollo sostenible. Comienza con la descarga del Manifiesto del Viajero Responsable y súmate con acciones sostenibles y difundiendo tu compromiso.
Cómo bien dice mi amiga Bea, de Quiero ser cambio (referente absoluta de sostenibilidad y modelo a seguir):
Puede parecer difícil, pero no es imposible
Hay muchas opciones para vivir de forma más consciente y coherente. Y, aunque puede parecer difícil, no es imposible. Sólo recuerda: no te juzgues por lo que no eres capaz de conseguir, piensa en todo el camino que ya llevas andado.
Cada pequeño paso cuenta.