
ribeira sacra en furgoneta: los cañones del sil
Si a día de hoy tuviera que resumir lo que significa viajar en furgo por libre en una palabra, sería libertad. Libertad de decidir sin horarios, de cambiar de idea en mitad de una curva, de desayunar frente a un río, de convertir una parada cualquiera en el mejor momento del día.
Para recorrer Los Cañones del Sil en la Ribeira Sacra, alquilamos una furgoneta con la app Yescapa (ya te lo conté en este post), y no exagero cuando digo que fue una de las mejores decisiones del viaje.
Pagamos 276,80 € por 4 días (de 9am del primer día a 8pm del cuarto, con bastante flexibilidad) y unos 65 € de gasoil por lo que el viaje salió redondo. Recomiendo muchísimo la furgo de Alejandro si estás pensando en hacer ruta por la Ribeira Sacra.
Te cuento como fue nuestra ruta en furgoneta por los Cañones del Sil tal y como la vivimos: con lluvia, improvisación y miradores infinitos.
Lo más importante de la Ribeira Sacra
Antes de entrar en la ruta concreta, quiero puntualizar una cosa: Lo más importante aquí no es tachar miradores. Es sentir el lugar, respirarlo y no ir con prisa.
Hay algo que me hizo reflexionar: en muchos de los miradores, ¡no había nadie mirando!. Solo gente haciendo la foto y marchándose.
Es alucinante que en un «mira»dor no haya nadie mirando.
La Ribeira Sacra no es para correr. Es para sentarte y admirar la belleza de su esplendor y dejar que el silencio te atraviese.
Ir solo para hacerse la foto y marcharse es quedarse en la superficie, como mirar un paisaje a través de una pantalla. Aquí lo bonito no es solo lo que se ve, sino lo que se siente cuando te quedas un poco más, cuando bajas el ritmo y permites que el paisaje te cambie algo por dentro.
Dicho esto, os cuento lo que fue nuestra aventura y os dejo este mapa con los puntos más importantes de nuestra Ruta en Furgoneta por los Cañones del Sil:
Día 1 – Vigo – Bueu – Os Peares
Empezamos tarde. Bastante tarde.
Porque sí, me olvidé la cartera en casa. Maravilloso comienzo logístico. Así que primera parada improvisada: volver a Vigo. No pensaba gastar mucho, pero me gusta contribuir al comercio local y dejar una huella bonita allá donde piso.
Primer aprendizaje: la furgo te obliga a relativizar. ¿Retraso? Bueno… ¡Pues ya vamos viendo!
Comimos en un camino cualquiera y ¡le dimos un buen estreno a la furgo! Como quien estrena casa: ¡teníamos que probarlo todo! Abriendo cajones, probando luces, colocando nuestras cosas… Más adelante, paramos en el Ponte Castrelo de Miño, tenía pinta de ser un buen sitio para haber parado a comer: ¡apuntado queda!. Desde ahí hice algunas fotos de las vistas y de la Igrexa de Santa María de Castrelo de Miño, una iglesia románica situada en un cerro en el embalse de Castrelo de Miño.



Terminamos el día en Os Peares, un sitio curioso donde se juntan el Sil, el Miño y el Búbal. Este es el sitio perfecto para comenzar la ruta por los cañones. Principalmente lo que hay en Os Peares es una estación de tren llena de grafitis. El viaducto del tren cruza por encima de las casas, y la fuerza de los ríos unida a esos puentes de hierro que parecen sacados de otra época, le da un toque increíble. Pero además, lo curioso es que Os Peares pertenece a dos provincias (Lugo y Ourense) y está dividido entre cuatro ayuntamientos (A Peroxa, Carballedo, Pantón y Nogueira de Ramuín).
Y cómo no podía ser menos: ¡empezó a llover!






Con este fresco y la lluvia, tocaba buscar sitio para dormir. Quería probar Furgovw, una web para furgoneteros que había estado viendo y, aunque no es tan completa como otras webs y aplicaciones, encontré un sitio ideal: el área de autocaravanas de A Peroxa. Ponía que había barbacoa y estaba techado, y cenar al calor del fuego nos pareció el planazo.
El sitio no estaba nada mal, parking autorizado y estuvimos solos bajo techo. Eso sí, los únicos vecinos eran un cementerio, un tanatorio y una funeraria. ¡Tranquilidad absoluta! Pero es que… ¡viajar en furgo también es esto!
El sitio tenía autorizada la pernocta, pero no se podía debajo del techado, había un bonito cartel de prohibido. Una cosa importante cuando viajas en furgoneta es respetar los lugares, si queremos seguir viajando hay que ser responsables.
¿El sitio podría mejorar? Sí, pero eso lo comprobaríamos al día siguiente.
Día 2 – Monasterio de Santo Estevo – miradores – Parada Do sil
Despertamos con lluvia y cielo cerrado. Como somos personas previsoras y no queríamos sustos, lo primero fue echar gasoil en Vilarchao. En esta zona es muy probable que no te encuentre gasolineras hasta dentro de muuuuchoos kilómetros. De camino pillamos pan en la Panadería Melias de Pereiro de Aguiar (buenísimo) y nos fuimos a desayunar y a ducharnos discretamente un poco apartados.


Y de nuevo retomamos ruta por las carreteras serpenteantes y comenzamos con los primeros miradores:
Mirador de Penedos de Castro
Se ve muy bien el monasterio, pero poco más.



Después bajamos al Monasterio de Santo Estevo de Ribas de Sil: Es impresionante, aunque la fachada estaba en obras. Se puede visitar por dentro y la verdad es que es impresionante. El acceso en coche es solo para los clientes del Parador, pero puedes aparcar en la puerta y caminar unos metros.









Mirador da Ribeira Sacra (el banco más bonito) + Pe Do Home: Muy buenas vistas, pero para subir… ¡le pueden dar por ahí! El camino no es nada fácil. Había dos opciones para llegar: una buena y una mala. Adivinad cual escogí yo 🙂
- El camino «bueno» (desde Alberguería): Es el más largo (aproximadamente 1,5 km), pero el más recomendable. El sendero sale justo al pie del cementerio. Es más llano y se camina mejor.
- El camino «duro» (desde la carretera de Loureiro): En el punto kilométrico 2,4 de la carretera que baja al embarcadero de Santo Estevo, sale un sendero de 1 km. Primero pasas por el mirador de Pena do Pobre y luego sigues subiendo hasta Pé do Home. Aviso: el desnivel es considerable.
En este mirador hay una albariza, que es una construcción antigua que servía para proteger las colmenas de los osos.







Mirador de Vilouxe: Para mí, EL MEJOR. Para llegar hay que atravesar el pueblo de Vilouxe: paz absoluta antes del espectáculo visual que te espera al final. Hay una explanada justo al lado de la capilla, a la entrada del pueblo, que es donde tienes que aparcar. Desde la capilla te toca atravesar el pueblo a pie. Son apenas 800 metros (un paseo de nada), pero cruzar esas calles te va preparando para lo que viene. Porque, sinceramente, es posible que estés ante el mirador más impactante de todos los que asoman al Cañón del Sil. Y justo cuando llegamos al borde del abismo, ¡nos pilló una tormenta épica!
Cielo negro carbón, un viento que te peinaba hacia atrás y el río Sil allá abajo, viéndolas venir. Fue espectacular, de esos momentos en los que no sabes si disparar la foto o salir corriendo a buscar refugio. El escenario era un regalo, pero con el «pequeño» detalle de que estábamos a punto de salir volando. ¡Toda una aventurilla de las que a mi me gustan!

A partir de ahí el cielo se cerró por completo. Nos quedamos sin ver el de Meda, el Da Columna (que dicen que es muy chulo) o Cabezoás, así que decidimos ir directos a Parada de Sil. Nos habían recomendado ir a dormir a «lo de Pepe el del supermercado» y, cuando llegamos, no nos lo podíamos creer. Aquello era el centro neurálgico del buen rollo: bar, restaurante, supermercado… ¡lo tiene todo! Había muchas autocaravanas y furgonetas aparcadas, pero el ambiente era tan increíble que te sentías como en casa. Nos quedamos con una espinita clavada: salimos rápido al día siguiente y no pudimos comer allí, pero todo lo que salía de esa cocina tenía una pinta de locos. Lo recomiendo al 100%, sobre todo por su gente. ¡Volveremos seguro!
Día 3 – Balcones de Madrid
Antes de entrar a los Balcones de Madrid, nos topamos con un «foxo do lobo» (o da Cabrita). Si no sabes qué es, básicamente es una trampa de piedra súper antigua que usaban aquí para dar caza al lobo. Son como dos muros largos de piedra que se van juntando hasta que el pobre bicho acababa encerrado en un pozo sin salida.
Mola mucho verlo antes de los miradores porque te recuerda que esta zona, además de ser preciosa, era un sitio duro donde la gente se las apañaba como podía.
El Mirador do Curral do Penso y los Balcones tienen historia: Durante décadas, muchas personas de esta zona emigraron a Madrid en busca de trabajo. Estos miradores naturales, abiertos sobre el vacío del cañón, se decía que eran “los balcones” desde donde se miraba hacia la capital, como una forma poética de mantener el vínculo con quienes se habían marchado y dónde despedirlos.




Empezamos a usar mucho la app Park4night. Gracias a ella descubrimos sitios brutales para estacionar y pernoctar. Uno de esos descubrimientos fue una zona cercana a la playa fluvial de Rabacallos, un rincón con vistas al río que es pura paz. Súper tranquilo, con buen acceso en general… pero ojo, porque tiene bastante cuesta. Con furgos va bien si subes con calma, pero las caravanas grandes mejor que se lo piensen dos veces.


Por toda la Ribeira Sacra es impactante ver las vides en las laderas. Esta forma de cultivar tiene siglos de historia. Desde que los romanos trajeron la vid a Galicia, la gente de aquí ha tenido que pelearse con un terreno que es puro relieve. Para no despeñarse y aprovechar este clima tan especial, no les quedó otra que inventar las terrazas o bancales. Es lo que llaman viticultura heroica, y después de ver esas pendientes verticales, te aseguro que el nombre se queda corto.

Por la tarde teníamos dudas. Estábamos muy cerca de las pasarelas del río Mao, pero preferimos dejarlo para otra ocasión. Era semana santa, por lo que estaba llenísimo de gente y además me dio la sensación de que esa zona merece dedicarle, al menos, un día entero. Por lo que continuamos nuestra ruta de miradores:
Miradoiro Peña de Matacás: Bastante lleno de gente haciéndose fotos… la verdad es que parecía un parque temático.



Pasamos por la carretera por el Embarcadero de Abeleda: solamente cruzamos, pero se ve un sitio muy interesante para hacer kayak o actividades similares.
Ya en el lado de Lugo, en Monforte de Lemos, paramos en el Miradoiro do Duque, y el Miradoiro Pena do Castelo. Este último me pareció precioso y muy poco transitado.

Otro mirador que me pareción muy auténtico fue el Mirador de Santiorxo: En este nos quedamos a dormir. Súper solitario y tranquilo. Fue muy especial ver anochecer y amanecer en un sitio tan mágico como éste y apreciar como cambian los colores a medida que avanza el tiempo.




La verdad es que, llegados a este punto, ¡confieso! ya teníamos un poco de saturación de miradores. Cuando algo es tan impresionante, si ves veinte seguidos, pierdes un poco la capacidad de asombro.
Día 4 – Ferreira de Pantón, monasterios y despedida
Por la mañana estuvimos recogiendo la furgoneta y dejándolo todo a punto para la devolución. Aprovechamos para explorar un poco sin rumbo, «mariposeando» por Ferreira de Pantón y Sober.
Visitamos el monasterio del Divino Salvador en Ferreira de Pantón, donde viven monjas de clausura, y nos tomamos una cerveza por allí. Después de una ducha rápida en un camino (como bien nos encanta), fuimos a comer a un sitio en Chantada, que me recomendásteis por Instagram: Casa Pepe Rei da Codorniz (de Pepe en Pepe y tiro porque me toca).
Y poco más. Pusimos rumbo a casa para la limpieza final y la entrega de la furgo. Nos dio mucha pena que ya se acabase el viaje, pero nos llevamos una lista llena de sitios nuevos a los que volveremos seguro.






Conclusión de esta ruta en furgoneta por la Ribeira Sacra
Viajar por la Ribeira Sacra en furgoneta ha sido una lección de calma y adaptación. A pesar de la lluvia y de los planes que tuvimos que cambiar sobre la marcha, me quedo con la magnitud y autenticidad de sus paisajes.
Este viaje me ha servido para confirmar que los mejores momentos nacen cuando menos te lo esperas, en una ducha improvisada en un camino, en una cena bajo un cielo de lleno de estrellas y en las charla con la gente local en sitios como «lo de Pepe». Galicia siempre te devuelve más de lo que esperas, incluso cuando el cielo se cierra.
Nos volvemos a casa con la sensación de que a la Ribeira Sacra no se viene una vez, se viene siempre que se necesita desconectar de verdad.
